Derraman más lágrimas.
Levanto la vista y veo cómo se marchan, pasando junto a Lucas, Samanta, Derek y Marck, que esperan en la puerta. Se saludan y se despiden formalmente, y yo no puedo evitar suspirar de cansancio al ver que llega más gente. Sé que sólo están preocupados por Nick y por mí, pero el esfuerzo que me supone contestar a las preguntas que me hacen requiere una energía que ahora mismo no tengo.
—¿Estás bien, muchacha? —dice Marck con voz atronadora, y yo asiento, aunque es evidente