—¿Adónde vas a llevarme a comer? —pregunto por encima del hombro mientras continúo andando. Pero no avanzo mucho. Me agarra de la muñeca y empiezo a tirar de un peso muerto.
—No te alejes de mí —dice prácticamente gruñendo, y hace que me gire para quedarme frente a él. Tiene el ceño fruncido, mientras que yo sonrío—. Y ya puedes ir borrando esa sonrisa de tu rostro. —Empieza a ajustarme los tirantes mascullando alguna palabra acerca de que soy una esposa insufrible que lo saca de sus casillas—.