Llegamos al borde de la piscina y me pone con la espalda contra la pared.
—Me encanta imaginarte en biquini.
—Pero sólo para tus ojos.
—Ya te lo he dicho, Addison. No te comparto con nada ni con nadie, ni siquiera con sus ojos.
Desliza las manos por mis costados, hasta mis caderas.
—Sólo puedo tocarte yo —susurra, y no puedo evitar apretarlo con los muslos cuando me besa con dulzura antes de observarme con atención—. Sólo para mis ojos.
Desliza un dedo por el interior de la parte de abajo de mi