—No estoy histérico —me discute medio riéndose—. No es para tanto.
—Ya. —Me encojo de hombros sin dejar de reír. ¡Si le va a dar algo!
Atraviesa la cocina y se me acerca. Abre unos ojos como platos cuando me ve las piernas.
—¿Qué es eso? —farfulla.
Me miro y luego miro sus sorprendidos ojos oscuros.
—Son unos pantalones cortos.
—Querrás decir unas bragas.
Me echo a reír nuevamente.
—No, quiero decir pantalones cortos. —Me subo los bajos de los pantalones cortos—. Si fueran unas bragas, serían a