—Más de prisa, Addison.
—No. Mando yo.
Asciendo pero no tengo ocasión de descender, puesto que me tumba de espaldas sobre la cama y me sujeta las manos.
—Has perdido tu oportunidad, señorita —replica al tiempo que me penetra con decisión—. Ahora mando yo.
¡Bam!
Chillo y me abro de piernas.
¡Bam!
—¡Joder! —grito cuando noto que me llega al útero.
¡Bam!
—¡Nick!
—Has tentado la suerte, nena —gruñe sujetándome las muñecas con menos fuerza y embistiéndome una y otra y otra vez. Cierro los ojos—. ¡Mí