—Nena, ¿estás bien? —me pregunta Nick. Parece preocupado.
—Sí, muy bien. —Caigo en la cuenta de que estoy de pie en la puerta de su despacho, así que me acerco a la mesa y me siento en la silla que hay junto a la de Mark—. Sólo estaba soñando despierta.
Vuelve a meterse los dedos en la boca.
—¿Con qué soñabas?
Sonrío.
—Nada. Estaba viendo cómo devorabas tu mantequilla de cacahuete.
Mira el tarro y pone los ojos en blanco.
—¿Quieres?
—No. —Arrugo la nariz, asqueada, y se echa a reír. Le brillan