No se me va de la cabeza. Estoy haciendo lo posible por ponerlo en segundo plano, pero cuando entramos en el Baroque y la primera persona a la que veo es Jay, el portero, me rindo. Me frunce el ceño al pasar y deja de hablar con el otro portero, pero yo me dirijo al bar sin decirle nada al cabeza rapada, que evidentemente siente curiosidad.
—¿Vino? —pregunta Lucas abriéndose paso hacia la barra.
—Sí, por favor. —Escaneo nuestro garito preferido y no tardo en ver a Erick y a Victoria. Ni siquier