Echa el pestillo en un segundo y con su cuerpo me empuja contra la pared. La música resuena con fuerza. Hay uno saltavoces integrados en el techo pero me obliga a bajar la cabeza. Nuestras miradas se cruzan. Sus ojos son oscuros, completamente turbios, y tiene la boca entreabierta. Jadeo, me toma por las muñecas, me levanta los brazos y los clava a ambos lados de mi cabeza antes de morderme el labio inferior y apartarse sin soltarlo. He perdido el control sobre mi cuerpo. El estómago se me revu