—¿Y qué más puedes decirme? —Habla con poca cortesía.
Me giro y lo miro con curiosidad de nuevo mientras me aplico el
gloss
. Él hace caso omiso de mi mirada y me besa suavemente en la mejilla.
—Qué puta casualidad que la otra cámara estuviera rota —dice secamente—. ¿Has comprobado las grabaciones del exterior del bar?
«Oh, oh...»
Entonces respira hondo. Le aprieto el muslo y él me mira y me besa en la frente.
—Vale, ya me dirás algo. —Tira el teléfono sobre la encimera y éste se desl