Empiezo a planteármelo. Me lo imagino perfectamente, y no me extraña que las mujeres estuvieran dispuestas a satisfacerlo. Siguen estándolo. ¡Sólo hay que verlo!
—¿Te refieres a las incursiones sexuaIes? —susurro. ¿De verdad quiero saber esto?
Suspira.
—Sí, a las incursiones, pero todo eso ha quedado atrás. —Se inclina hacia adelante con una mueca de dolor—. Ahora en mi vida sólo estás tú.
—¿Bebías y follabas?
—Sí, como te he dicho, la bebida y el sexo van de la mano. Ven aquí, por