Me levanta de nuevo en el aire y me lleva hasta el cuarto de baño.
—¿Qué haces? También querrán entrar aquí.
No puede decirlo en serio.
—Cerraré con seguro Nada de gritar. —Me mira con una leve sonrisa malévola. Estoy atónita, pero me echo a reír.
—No tienes vergüenza.
—No. Me duele el pene desde el viernes pasado, y ahora que te tengo entre mis brazos y que has entrado en razón, no pienso moverme de aquí, y tú tampoco.
Cierra la puerta tras él de una patada, me coloca sobre el má