Hay cosas que necesito saber. Y no me refiero a sus conquistas sexuales pasadas. Saber exactamente con cuántas mujeres ha estado no me va a servir de nada, salvo para ponerme terriblemente celosa.
—Está bien. Dispara. ¿Qué quieres saber? —Suspira pesadamente y yo pongo cara de pocos amigos—. Perdona. —Al menos tiene la decencia de mostrarse arrepentido. Mantiene las manos sobre las mías, que descansan sobre su pecho.
—¿Quién era la mujer de anoche?
—Coral —responde directamente y sin vacil