—¿Seguimos bailando? —Nick enarca una ceja con una sonrisa segura y empieza a moverme de un lado a otro.
—Vamos a beber —ruego.
—No puedes seguirle el ritmo a tu dios, dulce seductora —dice con voz grave.
Somos los únicos que estamos abrazados. Todo el mundo a nuestro alrededor está entregado a la última oferta de la banda. Nick tiene razón: son muy, muy buenos.
Me pasa la nariz por un lado de la cara y empieza a trazar lentos círculos con ella.
—¿Eres feliz?
—Hasta la locura —respondo sin