Le voy a borrar esa sonrisa de la cara. Me pongo de rodillas y le sostengo la mirada mientras me meto los pulgares por el elástico de las bragas de encaje.
—Esta mañana te estás comportando como un verdadero idiota.
Muy despacio, me bajo las bragas hasta las rodillas y él sigue su recorrido con la mirada cargada de deseo. Su erección palpita y tiembla a intervalos regulares.
—¿No te apetece echarme una mano? —Mi voz es dulce y seductora, y lentamente me chupo los dedos y los deslizo desde