Se aparta, deshace nuestro beso y me mira con el ceño fruncido.
—¿Qué ocurre, Addison? —me pregunta con cariño y la voz llena de preocupación.
—Nada —respondo demasiado de prisa. Maldigo mentalmente a mi dichosa mano por ponerse tensa en su nuca. Busca en mis ojos y dejo escapar un suspiro—. ¿Qué es esto? —le pregunto. Sigue moviéndose lentamente dentro de mí.
—¿Qué es qué? —Su tono denota confusión. Estoy enfadada conmigo misma por haber abierto la bocaza.
—Me refiero a ti y a mí. —