—Te prefiero loco de felicidad. Das miedo cuando te vuelves loco de furia. Tuerce los labios.
—Entonces deja de hacer cosas que me enojen hasta volverme loco.
Lo miro. La mandíbula me llega al suelo. Pero me besa en los labios antes de que pueda plantarle cara y defenderme de su acusación. Este hombre está completamente chiflado, aparte de todo lo demás.
Vuelve a sentarse sobre los talones.
—Nunca te haría daño a propósito, Addison. Lo sabes, ¿verdad?
La incertidumbre de su tono de voz e