Jesús, es que ni siquiera está sudando. Me esfuerzo por respirar debajo de él, como la perdedora que soy, y le dejo que me llene la cara de besos. Debo de saber a rayos.
—Hummm, sexo y sudor.
Jadeo y resuello encima de él mientras me pasa la mano por la espalda sudorosa. Noto una presión en el pecho. ¿Se puede tener un infarto a los veintiséis años?
Cuando por fin consigo controlar la respiración, me apoyo en su pecho y me quedo a horcajadas sobre sus caderas, sentada en su cuerpo.
—Por fa