Nick me conduce escaleras arriba, a través de las puertas y el recibidor. Esta noche hay animación. Se oyen risas procedentes del restaurante y del bar. Pasamos junto a ambos, directos hacia el despacho de Nick. Qué alivio. Evitar cierta lengua viperina ocupa un lugar privilegiado en mi lista de prioridades de la noche.
Dejamos atrás el salón de verano. Hay unos cuantos grupos de gente relajándose en los sofás mullidos, con bebidas en la mano. No se me pasa por alto que dejan de conversa