Salgo a la calle y me dirijo hacia la editorial. Sólo he estado fuera cuarenta minutos, pero no voy a pasar el resto de mi hora de la comida discutiendo sobre las muestras de afecto en público y mi ropa. El día había empezado tan bien... Claro, porque le decía a todo que sí.
Noto su aliento tibio en la nuca.
—¡Cero!
Doy un grito cuando me empuja hacia un callejón y me lanza contra la pared. Me aplasta los labios con los suyos, mueve las caderas con furia contra mi abdomen; su rabiosa ere