—Bueno, ya que es así, sube el culo a la moto.
¡Si las miradas matasen!
—¡No! —digo con incredulidad. No le gusta nada que le ponga cara. No voy a arriesgar mi vida al subirme en esa cosa.
Me mira sin poder creérselo y se baja de la moto en plan espectacular, con los vaqueros ceñidos a esos muslos tan magníficos. Vacilo. Este hombre me afecta demasiado.
Me mira con fijeza.
—Tres.
Abro la boca de forma exagerada. No será capaz. No en plena Berkeley Square.
¡Va a parecer que me está secuestr