JADE AL-QALA
Sin embargo, en medio de esta rigurosa rutina, de mis estudios y mis incipientes proyectos, había un momento que se había vuelto el ancla de mi existencia: la noche. Y con ella, su visita. La excusa, tan simple, tan desesperada, tan suya, me tocaba el alma.
El suave golpe en la puerta se había convertido en el preludio a la única indulgencia que le concedía. Él entraba, su presencia llenando el umbral, su rostro una mezcla de anhelo y resignación. Se arrodillaba, siempre. Yo me se