El vestido rojo se sentía como una segunda piel, suave, audaz y peligrosamente apretada. Me miré en el espejo de cuerpo entero de la suite. El color sin duda alguna era una declaración de guerra. No me hacía sentir esbelta, me hacía sentir expuesta, pero también… furiosa. Y en ese momento, la furia era un escudo más fuerte que el diamante en mi dedo.
—Te compró. Tu vida es nuestra ahora.
Las palabras de la Sra. Black resonaron en la suite. Enzo no solo me había ofrecido un escudo contra Leo su