Carraspeo mi garganta y la maldita víbora simplemente dice “Ah”. La muy desgraciada ni si quiera se alejó. Enzo me mira fijamente como si estuviera en shok y luego le dice que se largue. Molesta obedece. Me mira a mi pero lo ignoro. No quiero hablar con él pero no deja de decir mi nombre para que lo mire a la cara.
Pasaron al menos unos minutos desde que esa perra estuvo aquí.
―¿Enserio no piensas hablarme? ―me mantengo en silencio ―¿Estas celosa? ―no respondo pero lo miro de reojo ―Sasha. Lo e