El clic del pestillo fue un tiro, seco y final, que resonó en el silencio tenebroso que nos rodeaba.
Mi respiración se cortó. El miedo regresó, un miedo que me paralizó que me hizo olvidar que debía correr o pedir ayuda, un miedo frío y venenoso, el mismo que sentí aquella noche en la carretera. Su mirada era la misma que de esa noche, la reconozco, es vacia pero hay algo mas que hace que mi mene grite “Peligro”.
—¿Creíste que ibas a salir de aquí sin un agradecimiento? —La voz de Leo era baja,