Me despierto en plena madrugada al notar el lado vacío de la cama. Con el corazón agitado, lleno de una mezcla entre emoción y preocupación, me incorporo. Recorro la habitación con la mirada, pero no hay rastro de mi pequeña pelirroja. Me levanto y salgo a buscarla.
El pasillo está completamente oscuro, pero una luz tenue se escapa desde la cocina. Al acercarme, la veo, de pie, con una sábana cubriéndola de forma endemoniadamente provocativa, mordiendo un trozo de torta de chocolate.
La boca s