Dejó de besarme y la veo sentarse a mi lado, con el ceño fruncido y la mirada inquieta. Se muerde el labio inferior mientras su pierna derecha no deja de moverse, como si el silencio pesara más que cualquier palabra. Está nerviosa, no sé si por lo que intuye que diré... o por algo que ella guarda con demasiado recelo.
Me cabrea.
Suspiro, me acomodo en la cama y giro el cuerpo hacia ella. Me regala una sonrisa que parece forzada, y entonces lo sé: después de esto, nada entre nosotros volverá a s