Sasha
Eran pasadas las nueve de la noche y no había rastro de ninguna de nuestras esposas. Normalmente, ellas hacían lo que les daba la gana, pero nunca estaban tan ausentes. Tenían libertad aquí, porque nadie sabía quienes eran ellas.
No era Europa.
No hay silencio más denso que el que se cuela por las rendijas de la tormenta. Afuera, el cielo se parte en dos y aquí adentro, lo único que se rompe es la poca paciencia que nos queda.
Arya no contesta y las chicas tampoco. Desde hace horas. Hora