Reikiavik - Islandia.
Seis meses después.
Sasha
El amanecer se filtraba por las rendijas de las cortinas. La habitación, un santuario efímero en medio del helado desierto islandés, olía a ella. A piel tibia, a sexo salvaje y a la obsesión que me consumía. Me giré en la cama para encontrarme a Arya dormía, su cabello extendido sobre mi almohada como un aura caótica. Su cuerpo, apenas velado por la sábana, era la prueba viviente de mi victoria nocturna. Una obra de arte que yo, solo yo, había des