Mansión de Kylian.
Irlanda.
Sasha
Kylian había dejado la puerta entreabierta. El fuego de la chimenea ardía a nuestras espaldas mientras todos bebíamos whisky y fingíamos que no estábamos despidiéndonos.
—¿Sabes qué es lo peor de todo esto? —les pregunté, girándome hacia ellos con una sonrisa torcida—. Que ahora van a poner a cinco críos a hacer el trabajo sucio y nosotros vamos a terminar cuidando viñedos como si fuéramos jubilados.
Fabrizio rió, de ese modo gutural que siempre parecía una ame