Capítulo 52

Había dejado a Arya en buenas manos. Solo necesitaba calmar mi sed de venganza e iría nuevamente hacia ella.

No podía ni iba a dejarla sola, pero más me ganaba acabar con el tipo que tocó a mi mujer.

El sótano olía a humedad y a miedo. La tenue luz de las lámparas colgantes lanzaba sombras danzantes sobre las paredes manchadas de sangre seca. Los hombres estaban encadenados, sus cuerpos temblaban y la desesperación era un manto pesado que les aplastaba el alma.

Duff estaba entre ellos, altaner
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