Ryan y yo fuimos llamados a una compañía de guardaespaldas, que tenía varíos mercenarios y militares trabajando en algunos países de América y Europa. El ambiente en la compañía de custodios era siempre imponente, y hoy no era la excepción. Los pasillos grises y la estructura fría del edificio daban la sensación de estar en un lugar donde las reglas se imponían con mano de hierro. A nosotros nos dirigieron hacia una de las salas de reuniones, pero en el camino, los regaños hacia alguien, nos de