Dalton estaba sentado a mi lado, con sus ojos fijos en mí con una intensidad que era amorosa y científicamente calculadora. Yo me sentía débil, pero extrañamente serena, como si mi cuerpo se hubiera rendido a la espera de la sentencia que traería el médico.
Apenas hablamos porque él no me dejó hablar. Quería que me contara todo lo que el doctor le dijo, cuáles eran las indicaciones y el diagnóstico. Lo achaqué a que estábamos repletos de preparativos antes de la boda, no a que mi cuerpo no resp