Entré a la suite principal de la mansión Savage y encontré el caos que siempre temí, pero no por una explosión matemática, sino por una simple falla biológica de la persona que era el centro de mi universo. Daisy estaba en el suelo, inconsciente, envuelta en el vasto marfil del vestido de novia. Vera y Aura estaban arrodilladas a su lado, con sus rostros pálidos y llenos de terror. El contraste entre la seda de celebración y su figura inmóvil me golpeó con una fuerza física y sentí que la lógic