El salón de conferencias en las oficinas de Miller & Cía. era la antítesis de la justicia pasional. Era una caja de cristal y acero, fría, con una mesa de ébano tan larga que parecía diseñada para mantener a las familias Savage y Lombardi en diferentes zonas horarias. El silencio era denso, cargado del peso de siete años de guerra y traición, pero sobre todo de una fría traición.
Llegué primero, con mi madre. Mi padre aún estaba delicado por su herida, por lo que nos tocó sacar el pecho por él,