El aire en el callejón era frío, con el olor metálico de la humedad y la basura industrial que nos rodeaba por todas partes. Daisy estaba desplomada contra la pared de ladrillos ásperos, y su suéter grueso y los vaqueros rasgados ya no ofrecían consuelo. La chaqueta que le di, demasiado grande para ella, la cubría de forma inadecuada y estaba sucia, igual o más que yo. Estábamos agotados, perdidos y hambrientos. Sentía el agotamiento, pero la adrenalina había encendido un panel de control dentr