La luz era tan blanca que me quemaba los ojos y tan brillante que parecía devorar el aire. Mi mente, aturdida por los fármacos, se sentía como una casa vacía con las ventanas cerradas y el polvo flotando en el aire. No sabía dónde estaba. No sabía cómo había llegado allí. La última imagen que tenía era de sangre, de dolor, y del rostro de Darak mientras me arrastraban en una camilla. Mi último recuerdo era un rostro que se sentía tan cercano que podía sentir su aliento, diciéndome que fuese fue