La sangre seca en mi labio sabía a óxido, un sabor que me recordaba la brutalidad de la noche anterior. Darak me había dejado sola, tirada en el suelo, rodeada de los fragmentos de sus recuerdos. Mi cuerpo dolía, mi alma dolía, pero mi corazón, mi corazón estaba lleno de una furia fría y calculadora. Ya no era la niña ingenua que mi padre vendió, ni la novia rota que me casé. Era una mujer que tenía un solo propósito en la vida: venganza, y a diferencia de mi padre, yo no me mataría, lo mataría