Cena de celos.
MILA.
Caminé directamente hacia el auto, ignorando el peso de los tacones sobre el pavimento. Allí me esperaba el Capitán, con su habitual mirada de piedra, y Tony, cuya cabeza rapada brillaba bajo la luz de la luna, dándole un aspecto de matón implacable mientras me abría la puerta.
Subí al vehículo, sintiendo que el aire se espesaba al instante. Segundos después, Lucio abordó por el otro lado. Traía el ceño fruncido y la mandíbula tan apretada que parecía estar a punto de romperse. El Cap