Entrega incompleta.
MILA
—Hola tía, ya no quiero que te vayas —susurra aún pegada a mi abrazo.
—Oh —sentí mi pecho romperse con su petición.
—Parece que a alguien le entró el sentimiento, estando lejos de casa —la voz de mi cuñado rompió el hechizo.
—Hola —dije correspondiendo a su abrazo.
—Que tal te fue —cuestionó en cuanto se apartó de mí.
«Pésimo», pensé.
—De maravilla —contesté contrario a mis pensamientos, en una sonrisa, mientras nos dirigimos al comedor.
Mi hermana me consintió, me atendió