El primer rastro.
LUCIO
Escuchar ese nombre salir de sus labios fue como recibir una descarga eléctrica que me recorrió la columna. Mila. No era la identidad que yo le había impuesto, ni el papel que el destino le había asignado. Era ella, despojándose de las máscaras, entregándome la única verdad que le quedaba en medio de este infierno.
Una emoción salvaje, casi violenta, se apoderó de mi pecho. Sentí una victoria más grande que cualquier territorio conquistado. Me quemaba la sangre por la euforia de saber