Camuflaje.
El silencio al otro lado de la línea se vuelve un nudo corredizo que me asfixia. Cada segundo sin respuesta es una punzada de pánico que me recuerda que, mientras yo estoy encerrada en estas paredes de lujo, Sandro podría estar exhalando su último aliento.
—¿Te das cuenta de que pudiste morir en medio de ese tiroteo? —El regaño del Capitán llega cargado de una frustración ruda, casi paternal—. Te lanzaste al fuego cruzado como si fueras inmortal, Mila.
—Lo sé —refuto, y mi voz se quiebra, d