Anzuelo.
LUCIO
Por un instante, deseé que el tiempo se congelara justo ahí, entre sus brazos. Quería rendirme, sepultarme en ella y dejar que el incendio de sus besos consumiera las sombras de mi mente. Pero mi orgullo es un animal mucho más hambriento que mi deseo, y no acepta limosnas de una mujer que me besa para salvar a otro.
Me aparté con una brusquedad que la dejó desorientada sobre las sábanas. Me puse de pie, respirando con dificultad, mientras recomponía pieza a pieza la máscara de frialda