Celos placenteros.

MILA.

Al llegar a la mansión, Lucio no esperó a que el capitán apagara el motor, el capitán me observó, por el retrovisor, con una pena que me hizo temblar al sentir el agarre de Lucio. Me sacó del auto de un tirón y me arrastró atravesando el vestíbulo como si fuera una niña pequeña. Sasha quien salía de la sala solo observó la escena con una frialdad en la mirada.

Esa mirada me anunció que ya sabía todo. Subimos las escaleras de dos en dos. Sentía que flotaba intentando seguirle el paso
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