Max levantó la cabeza lentamente, y sus ojos se encontraron con los de ella, horrorizados. Como si la sola pregunta le repugnara. Su ceño se frunció y negó con la cabeza de inmediato, con una firmeza casi desesperada.
—No. —negó de inmediato, con un tono grave, firme—. No, Iris. No ahora. Eso… pasó hace meses. La primera semana que él se mudó contigo. Cuando todavía no había nada entre ustedes… cuando solo era tu inquilino.
Las palabras de Max cayeron sobre ella como una corriente cálida, apaga