Isabela bajó la mirada, vencida por su propia confesión.
—Hugo es un hombre maravilloso, y desde que lo conocí, supe que venía con sombras con las cuales también tendría que lidiar. No me asustaron. Estuve dispuesta a aceptarlas, incluso cuando esas sombras tenían tu nombre. Pero tú… tú sabías que él no te amaba. No lo tienes encadenado, Isabela, pero lo has hecho sentir culpable durante años. Eso no es amor. Es egoísmo. Amar a alguien también es saber cuándo dejarlo ir. Y tú no has tenido el v