Al cruzar las enormes puertas, Iris sintió el murmullo de la fiesta golpearla de lleno. Luces cálidas, música suave de cuerdas, copas tintineando, risas de gente que no tenía nada más en la vida que aparentar ser feliz. Todo era tan perfectamente coreografiado.
Pero nada de eso le importaba realmente. Porque sus ojos, casi sin pensarlo, lo buscaron a él.
Sabía perfectamente a quién buscaba.
Y entonces lo vio.
De espaldas, junto a uno de los ventanales, el traje color champán le quedaba como hec