Capítulo 44

Iris se quedó sentada en el sillón mucho después de que Max se fue.

El sobre seguía ahí, descansando sobre su regazo, como si pesara una tonelada.

No podía moverse, no podía siquiera decidir si abrirlo o dejarlo cerrado para siempre.

Sabía que lo que había dentro tenía el poder de cambiarlo todo… para bien o para mal.

Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas y escondiendo el rostro entre las manos.

Respiró hondo, una, dos, tres veces, intentando calmarse.

Pero el nudo en su
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