A la mañana siguiente, Iris decidió salir a caminar al parque con Bingo. Necesitaba aire. Necesitaba poner sus pensamientos en orden, aunque fuera imposible.
Mientras caminaba por los senderos verdes, con Bingo tirando suavemente de la correa, las palabras de Corinne seguían rondando su cabeza como un eco cruel.
“No basta con decidir quién cuida de ti… si esa persona ya eligió cuidar de alguien más.”
Y dolía.
Porque sabía que tenía razón.
Porque todavía no entendía qué había pasado con Hugo.
Po