Tras decir aquellas palabras, Hugo la miró a los ojos. Y al ver en ellos la certeza que él también sentía, la besó. Era un beso suave, distinto a todos los que había experimentado anteriormente. Hugo la besaba como si por fin pudiera tocar algo que había estado deseando durante mucho tiempo, con una urgencia que la dejaba sin aliento. Luego se apartó un segundo mientras trataba de recuperar la respiración.
—¿Ahora ya soy tu mujer? —preguntó Iris, mirándolo con intensidad, sus labios ligeramente