El viento azotó con más fuerza las ramas contra la ventana, y cada golpe parecía marcar el ritmo cruel del paso del tiempo. Serethia apenas podía respirar, mientras mantenía los puños apretados hasta que las uñas dejaron marcas en sus palmas. Su corazón latía con violencia, y una mezcla de rabia e incredulidad la consumía mientras miraba a Kaira suplicándole para que se vinculara con el rey Alfa.
Con quien la había rechazado, humillado y le había arrebatado cualquier esperanza.
—Si sabes lo que